domingo, 11 de octubre de 2015

Día 511: Indigente

      Me muero de hambre, ¿sabés? El día que menos te lo esperes te voy a morfar la pata. Es la puta sociedad que te deja en la vereda caníbal de la vida. A mi me gustaría morfarlo todo hasta llegar a los 120 kilos, pero apenas rasco los cuarenta.
      Tendrías que ver qué lindas me quedan las costillas. Algunas veces pensé en robar pero me arrepentí. ¿Te imaginás? Así flaco y chorro y muerto de hambre. A mí no me joden. Puede irse todo al carajo.
      Vamos a lo bueno. A lo que quieren los chantas de arriba. Esos hijos de puta que comen con tenedores de oro usando nuestras cabezas como plato. Hijos de puta. Y después quieren que los voten. Dame de morfar, hijo de puta. Engordame. Así como un pollo de fábrica. Se puede ir todo al carajo.
      Hablar de pollo me da hambre. Nunca probé. Me dijeron que era rico. Igual desconfío. Se dicen tantas cosas que no son ciertas. Una vez estaba en la plaza. Bien duro. Y vino un tipo que me pone un billete entre las piernas. Pienso, ¿Querrá que me lo coja? No soy puto, cortá pa'llá.
      Mi vida no es dura. Es áspera. Una lija. Vivo así, lija. Pero al menos me queda un tiempo acá, aunque no sé para qué me sirva. No fui a la escuela. No aprendí a leer. Y vivo así. Qué se yo.
      Dame comida. Vamos a los bifes. Eso también me da hambre. Podría vivir del aire pero esas cosas son para los robots o las modelos. Por fuera aparento tipo duro, pero por dentro me muero de hambre y dolor. Dolor de estómago, ¿saben? El día que menos te lo esperes te voy a morfar la pata. 

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