martes, 20 de octubre de 2015

Día 520: Termidor

      Pero por supuesto puedo atestiguarlo: el tipo era un idiota. Total. No recuerdo su nombre, creo que era Mario o Mariano, algo así. La cosa sucedió en la parada del micro. Eran las cuatro de la mañana, creo. Habían dos o tres personas, para salir a trabajar, estimo. Y estaba este tipo, que gritaba algo respecto al fin del mundo.
      Los que estábamos ahí lo tomamos por un borracho más. Luego de chequear un poco su coordinación corporal, llegamos a la conclusión de que este hombre había perdido la chaveta. Loco total. Al final resultó ser un idiota, pero no quiero apurar mi relato.
      Luego de los gritos vinieron los giros. Marcaba una trayectoria en el suelo. Círculos. A la izquierda, después a la derecha. Sin marearse. Sin perder la coordinación. Parecía como manejado a control remoto.
      Un detalle importante. El hombre iba desnudo. Creo que alcancé a escuchar algo respecto del futuro. Ah, si, el tipo venía del futuro. Lo enviaron para matar a alguien. El líder de una rebelión.
      Ahí fue donde caí. Esperá, esto lo conozco de algún lado. Pero claro, es el argumento de una película vieja. Un robot es enviado del futuro para matar a un niño. Como falla, después envían a otro para matarlo cuando es adolescente. Y cosas así. Al menos hasta que el tipo envejece.
      Como les decía, ahí caí en la cuenta de que el hombre es un idiota. Está así porque no vio la película. Si alguien se la contara, podría ahorrarle todos los disgustos. Porque al final al robot no le va bien, lo destruyen.
      Claro que después vuelven a reprogramarlo. Pero ya no es lo mismo. O al menos no creo que pueda hacerse con un ser humano. En todo caso nunca probamos.
      En realidad pasó otra cosa. Un juego de palabras. Confundir la película con el vino y se lo tomó. Un tinto de cartón. Ni loco ni tarado. Solo borracho, pero con buena coordinación. ¿Increíble, no?

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