jueves, 22 de octubre de 2015

Día 522: Acá viven personas

      Un jugo gástrico que duele. La panza regurgita sus latidos y me parece que lanza una espuma de perro muerto. Hace como un ruidito extraño. Un kaprum. Un oturbcam. Una sucesión de ruiditos extraños. Hasta que el sujeto muere. Y ruega por favor. Por favor. Que lo entierren. Que le recen unas cuantas frases sin sentido. Eso pide. Y muere. Muere hasta el infinito. No deja de morir muriendo.
      Esa pócima de antiguos druidas es el veneno de los tiempos. Es un salto con garrocha pero sin garrocha. Un suicidio asegurado. Buscado. Encontrado. Más que menos. Si vamos a lo obvio esto es lo que queda. Un silencio fantasmal. Sentido de victoria. Ganamos por poco. Es casi perder. Sentido del casi.
      No golpeen esa puerta. No la derriben. Acá viven personas. Hacinadas. Entrelazadas con la vida y la muerte. Acá viven personas. Personas con aire. Personas con cabezas. Personas con manos y palabras. Personas. Acá viven personas. Hay oidos. Hay intenciones. Sueños. No avasallen la libertad. De lo que queremos. De lo que deseamos. Poner un cuentalatidos al cerebro. Bomba de tiempo.
      Si pueden. Es un claro estigma. Las heridas de un santo. Si pueden. La libertad valedera. Esa posibilidad de asesinar sin prurito. Esa posibilidad de despertar sin haberse dormido. Esa posibilidad de ser posible. Imposible. Cuando los cuentalatidos fallan. Y las almas golpean el techo. Caen. Caen. Es la gravedad. Es Newton. Es la manzana de Newton. Es el árbol que da la manzana. Es la tierra que planta la semilla del árbol.
      Antes. Hay un tiempo antes. Siempre antes. Nunca después. De lo tarde y seguro. De esa muertebomba que late debajo del esternon. Un circuito fallado. Clave roja. Señales de leucocitos. Ejércitos de glóbulos rojos caen. Por debajo lo que duele. Y no deja de doler. Un ruidito extraño. Acá viven personas.

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