viernes, 23 de octubre de 2015

Día 523: Marte

      Solo mañana, dejame soñar. Quiero que la persiana quede abierta y los vecinos sientan todos los ruidos. Que sepan que así se hacen los bebés. Así puedo ser un manual abierto. Vida, véase página 132, inciso B. 
      Si puedo. Si me dejan. Siempre pido permiso. Ante todo la educación. Si tomo un café, permiso. Si me siento, permiso. Si asesino, permiso. Mi mamá me hizo así. Yo la quise mucho a la vieja. Ahora ya no. Los muertos no se dejan querer.
      Puedo pertenecer al pasado. Todo lo que se me antoje. Lo considero una virtud, que pocos entienden, que pocos alaban. 
      Digamos que mi condición es la del señuelo. Una carnada para que pique el pez gordo. Luego vendrán más. Luego vendrán más. Esa es la promesa. Van a venir con sus palos llenos de fuego y sus máscaras blancas. Van a decir: prendamos fuego al negro.
      Y yo, en un atisbo de piedad, grito. Porque no sé hablar claro. Soy un pobre negro pobre. Y las astillas que se clavan en mi corazón. Ya ardo por mi cuenta, ¿quién puede necesitar un abrazo de fuego? Desperté en el campo, desnudo, vacío de ideas.
      Quise correr, hacia el abismo. Hacia donde sea. Escapar. Pagar un precio, comprar mi libertad, como un patrón acaudalado. Dueño de mi destino. Dueño de mis cadenas.
      Puedo soñar con lo que se me antoja, el pasado me pertenece. Si, tal vez mañana, haga el amor entre trozos de carbones, restos de huesos, quizás. Tendré un hijo de fuego. Un monumento de los eternos. Para que lo sepan. Para que lo escriban. De lo que tengo todo en mí.

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