lunes, 26 de octubre de 2015

Día 526: C5

      Podrás decir muchas palabras, que las del viento se quedan. Porque por muchos somos pocos. Anoche, al anochecer la noche, juramos, volvimos, desaparecimos y nos erguimos en un solo monumento, de los eternos. Nuestra muerte impiadosa. 
      Pudimos recuperar ese espanto de las sombras. Maquinar una historia para nuestros nietos. Una de las buenas, por supuesto. Esas muchas palabras con destino. De las que puedan quedar en los oídos del tiempo. Que persisten aunque la cosa no suene bien. 
      Poder decirlo, alto. Más alto. Elevar el tono de voz. Una cosa aguda. Agudísima. Hasta el límite de lo insoportable. Porque juramos decirlo. Pusimos nuestros ideales sobre la mesa. Eso queríamos. Ser fieles a lo que representamos.
      Muchos, para los que tildan de raros subterfugios de soledades aparentes. A la verdad no se la engaña. La verdad está por encima de todo, de lo corto o a lo largo. Puede tardar, pero aparece. Se desvanecen los engaños. Queda sostenida esa estructura de cartón de las que los monos quedan colgados. 
      Por todo lo que parezca, eso es lo obvio del dictamen. Pueden cortar las alas de una mariposa disidente. El muerto acaba por revivir. Siempre. Nunca. A veces. Dispondremos de los mejores hombres. Para la guerra. Para la paz. O lo que venga. 

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