miércoles, 28 de octubre de 2015

Día 528: Empuje

      Un abrazo fuerte como para ser borrado por el viento. Estrujar hasta que regurgite la viscera y chorree la sangre. Luego hincar el diente en el cuello y proclamar la victoria del hambre saciada. Hasta ahí, todo bien. ¿Y después? Las crisis de los después. Señores después se devanan los sesos en cotilleos de escaleras escherianas.       
      Vamos a conducirnos adonde comienza todo. Dirigidos a ese puntito ínfimo en donde no cabe una lapicera. Desde ahí partimos, hacia el final, y luego hacia el comienzo. El camino es el movimiento masturbatorio de la vida, con sus giros, sus idas, sus vueltas, frotados contra la superficie de las almas, de los tiempos, de las otredades. Una mañana con sol y muchos árboles.
      Una mañana que empieza, porque el minuto cero existe. Y la ansiedad. Ese esperar esperando de lo que quiere venir y no aparece, pero que pronto aparecerá, a la vuelta de la esquina. Ofuscado. Sin saber qué hacer. Mover. Detenerse. Y volver a transitar. El eco onanista detrás de la inercia del cuerpo. Y el sol cae sobre el mediodía.
      Poder en la ilusión. Del sueño despierto. Volátil. Confite etéreo. Otorgar las correctas señales a quienes desean observarlas. Pero hay más. Tendrán su recompensa.

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