domingo, 1 de noviembre de 2015

Día 532: Error 404

      Archivo borrado y la re puta madre que lo parió. Se fue. Piró. Desapareció de la faz de la tierra. Forever. No hay vuelta atrás. No hay suma de controles más zeta que nos salven de esta catástrofe del archivo perdido.
      Allá depositamos todas nuestras esperanzas, tal como Darth Vader confió en Luke Skywalker. Fe ciega. De esas que nos permiten atravesar el fuego en bolas y no quemarnos. Pero al final terminamos chamuscados, y no hay Platsul que nos salve. Arde. Quema. Duele como la gran puta.
      Y el archivo se perdió. Escribimos la historia de nuestra vida. El trabajo más importante del momento. Qué joder, era digno de un Nobel, y se perdió. Perdido. Chau. Adiós. No más file. File extincted. Cuánta tragedia, che.
      Por cierto, somos trágicos con esas cosas pequeñas, porque sí. Porque la muerte es algo demasiado trágico en el sentido de lo obvio. Hay que renegar con cosas más asequibles. Cuántas lágrimas perdidas. Tan pocas causas las merecen. El resto es un regadío salado.
      Pero nada quita el volver a hacer. Esa sensación de que el puto trabajo podría haber estado terminado hace dos horas atrás. Dos horas perdidas. Cuántas respiraciones menos. ¿El archivo nuevo quedó mejor? Claro que no. Parecido. Diferente.

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