lunes, 9 de noviembre de 2015

Día 540: Un segundo epílogo

      Ahora, un segundo epílogo. Mi viaje de maravillas a Marte. Expulsado de la Tierra con un previo aviso del que nunca me percaté. Como les decía el viaje duró un mes y eso me sirvió de cura. El doctor de la nave no daba crédito, de verdad mi enfermedad era brava.
      Poco recuerdo del viaje, solo el despegue y el aterrizaje, el resto del tiempo la pasé drogado o criogenizado. Todo esto que les cuento es porque me lo dijo mi señora al bajar del cohete. Bah, en realidad nunca bajamos, de acá en adelante la historia adquiere otro matiz.
      Primero debo aclarar, nunca nos bajamos, de hecho esta historia la cuento desde arriba de la nave, en donde algunas personas están preocupadas por iniciar una nueva civilización. Siento los ruidos, no soy tonto. Esas cosas las hacíamos con  mi señora hace un tiempo atrás. Así se hacen los nenes.
      Hablando de eso, cuando me desperté del frío lo primero que hice fue preguntar por mi hija. Ahí recibimos todas las malas noticias. Todas juntas. Fue un baldazo de agua fría. Todo frío. Las comunicaciones en Marte, las pocas comunicaciones, estaban todas rotas. Estado de sitio declarado. Zona militarizada. Primera guerra mundial marciana. Eso.
      Desde ya, bajar de la nave sería el equivalente a un suicidio ritual. Quédense arriba, no es un consejo, es una orden. Van a estar más seguros, nos confió el piloto del cohete. Es cierto, hace tres años que no bajamos, y hasta ahora no paso nada. Cada tanto sentimos disparos y cosas así, pero nosotros estamos seguros, es cierto. 
      De mi hija no tuvimos noticias recién hasta el segundo año del sitio. Estaba viva por suerte. Tomó un cohete con dirección a otro planeta. Un viejo conocido. De ahí veníamos justo. Al parecer las tareas de reacondicionamiento terrestre van más rápido de lo que suponemos. Dentro de un par de semanas dicen que van a colocar un módem interespacial para tener señal de Supranet.
      Estimo que tendremos buenas noticias de la Tierra. Marte es un espanto. Duró poco el sueño rojo. Los cráteres son más grandes de lo que eran cuando nuestros antepasados soñaban con pisar suelo marciano. Agujeros repletos de pólvora y sustancia gelatinosa. Un masacote de carne humana y extraterrestre. Pobres nativos.
      Mi salud sigue sin novedades, estoy tan fuerte como de costumbre. Temo un poco que la enfermedad vuelva pronto cuando regresemos a la Tierra, pero la verdad ya poco me importa. No puedo morir sin volver a abrazar a mi pequeña. 

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