martes, 17 de noviembre de 2015

Día 548: La primera extinción

      Asistimos al nacimiento del mono más feo de toda la selva. Nació sin pelos. Tiene una boca poco prominente. Para mal de peores, camina sobre dos patas. Un asco de animal. Deforme. Los monos lo señalan y le hacen burlas.
      El pequeño mono deforme crecería a la sombra del chiste. Las hembras, sin embargo, emitían risitas de colegiala. Estaban sorprendidas por la belleza de este mono lampiño. Más que nada les asombraba el tamaño de su miembro viril. Con semejante pene sería capaz de servirlas a todas, sin cansarse.
      Y cada una de ellas tendría su propia cría de bebé mono lampiño.
Fueron las hembras las que originaron la catástrofe que vendría. Va a derrotar al negro Alfa. Esa es la seguridad. Y así lo postularon. El mono lampiño, para su fortuna, creció, y con ello su seguridad.
      Tendría que trabarse en una lucha mortal con una mole de más de doscientos kilos. Todo gracias a su amigo el sexo fácil. Las crías corrían peligro, así que algo debería ingeniarse.
      Nada se le ocurre al mono lampiño. Hasta que llega la contienda. Y la suerte corre una vez más para el advenedizo mono. Aprovecha su cuerpo ligero y corre, para no ser atrapado.
      Unas piedras en el camino le sirven de escudo. Las toma entre sus manos sin pelos. Ahora tiene ventaja. No deja de correr mientras lanza una piedra tras otra. Alfa cae inconsciente. Una nueva historia se empieza a escribir en la selva.

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