miércoles, 18 de noviembre de 2015

Día 549: Fila india

      La mirada reduccionista de un efecto trunco. Observamos con ojos mutilados de espectactiva aquello por ocurrir. Todo sucede aunque sea una vez. Poder cortar con la agonía del sentido. De no ver el poco panorama de lo que resta por ser.
      Fuimos avispas quisquillosas en un panal del desacuerdo. Alguna vez fuimos. Aunque sea una vez. Seremos tal vez una miel amarga, intragable. O el tenedor clavado en el brazo. Un tatuaje ritual. Un campo minado de estrellas a punto de explotar. 
      Muchas imágenes juntas. Sinestesia. En algún lugar todo ocurre una vez y nada más. Viene todo junto. Retazos unidos al monstruo sin vida que espera el rayo. Tuvimos la cordura de esperar algo mágico. Y nada sucedió. La cosa permaneció muerta.
      Luego, muchos despertares. Un maremoto de vida. Tuvimos que disparar células a cada rincón de los cuerpos. Nos mecimos en una tranquilidad de bebé. Creimos que con poco alcanzaba. Pero había demasiado. Demasiado de todo. Una confusión de eventos insospechados. Pudimos dejar que nada ocurra. O todo. Aunque sea una vez.

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