jueves, 19 de noviembre de 2015

Día 550: Copy-paste

      Esa tarde en la casa de recambio el piso estaba transitado. La gente no paraba de entrar y salir. Es lógico pensar que los empleados, a mayor contingencia de cliente, más probabilidades tienen de equivocarse. Fue eso lo que pasó. Si es que podemos dar una explicación.      Al cliente cuatro le dieron un ojo equivocado. Dos litros de sangre no compatibles para la señora con el número ocho. Y cosas así. Pasan. En un día normal es algo que sucede. Nada que mate a nadie, aún. Esa tarde, la casa de recambio fue un infierno. Mejor dicho, un Infierno, así con mayúsculas. Demasiados enfermos. Demasiados tuertos. Demasiados mancos. Demasiados mutilados. Demasiado de todo. Y los accidentes pasan.
      Solo se necesita un empleado con un mal día. Y así los accidentes pasan. Una caja se cae. Luego otra. y otra. Después se reordena la mercadería. Y queda todo mal ordenado. Y un ojo por otro ojo. Y un riñón por otro. Y así hasta llegar al monstruo de Frankenstein. 
      Más arriba, en un mundo superior, existe otra casa de recambios. Las partes se encuentran en la Tierra. Se deja macerar por un millón de años y se toma lo necesario. Estas criaturas se alimentan, utilizan la carne. Y esperan, en su dimensión, iniciar un nuevo contacto. 
      No hay fechas estimativas. 2018, tal vez 2029. O nunca. El portal no es del todo estable. Mientras tanto, allá abajo, en la casa de recambio, el Infierno (el pequeño) se hace presente.

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