viernes, 20 de noviembre de 2015

Día 551: Número 34

      No me voy a caer aunque algún imbécil pueda hacerme trastabillar. Debería anotar cada momento de mi vida en alguna libretita. Para el recuerdo de las generaciones. Viví quinientos golpe de Estados, ochenta y cinco mil atentados y otras tantas guerras. Soy como una especie de super-sobreviviente. Para que vayan tomando nota de cómo viene la cosa. 
      Anoche tuve fiebre, creo que levanté como hasta cuarenta. Eso es lo que dijo el termómetro. No sé si tengo que creerle. Tengo la frente fría como un témpano. Me acordé, en mi enfermedad, de los tiempos en que comíamos mejor. Cuando no nos enfermábamos tanto. Sobrevivimos, claro, pero para peor.
      Después de esa noche con fiebre pasaron unos treinta años. Nos inocularon un virus. Un super virus dicen. En esta época todas las cosas son super o nada. Este super virus nos convirtió a cada uno de los super-sobrevivientes en super-humanos. No nos volvimos a enfermar más. Y pasaron otros treinta años más.
      Y otros treinta. Y otros treinta. Hasta que nos olvidamos de los almanaques. Sería exagerado decir que las personas dejaron de morir, pero fue algo así. Morían, claro. Algún accidente. Si un borde afilado de una construcción te atravesaba la femoral, morías. Si a una persona se le ocurría dispararte veinte tiros a quemarropa directo a la cabeza, morías. Y cosas así. Pero ya no morías porque tu cerebro se apagara. O porque el corazón dejara de funcionar. O por el colesterol. 
      De hecho, si mal no recuerdo, ya estoy por cumplir 266 años sin accidentes que me lleven a la muerte. Claro, yo y otros tantos con esa misma suerte. A los gobiernos del mundo eso no le gustó demasiado. Verán, la Tierra tiene un espacio suficiente para albergar una determinada cantidad de humanos. Es como un hotel. Digamos que llegó un punto en que la Tierra se quedó sin vacantes. Así que empezaron a inventar guerras, y cosas para matarnos. Para achicar la población. 
      Yo tuve suerte, claro. Las próximas generaciones no la tuvieron fácil. El super virus dejó de inocularse en la gente. Bueno, en la gente que no tenía acceso al super virus. También empezaron los sorteos. 
      Miento, en realidad no es un sorteo, aunque los gobiernos se empecinen en llamarlo así. Es más bien una lista de espera. El sorteo empezó hace unos tres meses atrás. Lo van a realizar una vez al año, dicen. El primer número sorteado fue el 1.
      Gracias al número 1, doscientas mil personas van a ser incineradas en la calle. Porque vivieron demasiado, ese es el crimen que les toca pagar. Cuando llegue el año que viene y sorteen el número 2, otras doscientas mil personas más van a ser acusadas de lo mismo. Y así hasta que las vacantes vuelvan a la Tierra. Por suerte me sobra tiempo para pensar estas cosas, tengo el número 34.

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