martes, 24 de noviembre de 2015

Día 555: Una vez más

      Corrieron los caballos a través del pueblo. Sueltos. Alguien por lo bajo le había inyectado un preparado del potente. Les salía espuma de la boca. Ojos inyectados en sangre. Esa tarde el pueblo se tiñó de tragedia. Muchos habitantes fueron pisoteados en cumplimiento del deber. 
      Después se explicó que todo había sido parte de un gran experimento. El suero de la energía infinita. Empezaron con los caballos. Luego seguirían con gusanos y ratones. Y al final, se lo inyectarían a una persona, a ver qué pasa. 
      Lo que nadie pudo prever es que los caballos estuvieron locos por una semana entera. Locos de amor. Del sexual, si se entiende. No se escapó nadie a la violada. Nadie. Y eso alertó a la comunidad científica respecto al suero de la energía infinita. 
      Claro, el experimento se suspendió. Demasiado inestable la cosa. Hasta ahí todo lo lógico y feliz que puede ser la ciencia. Después el inaudito. El suero de la energía infinita deposita su genoma en todos los cuerpos violados, si eso es posible. Bueno, si no lo fuera, tampoco podría negar que eso fue lo que ocurrió.
      Las personas empezaron a actuar de forma extraña. Más raro que de costumbre. Como si tuvieran un manojo de vartas incrustadas en el ojete. Caminaban de acá para allá. No dormía. Tenían accesos sexuales y violentos, todo al mismo tiempo.
      Y un detalle curioso. Todos se comportaban bien. Con bondad. En realidad actuaban como caballos. Caballos buenos. Caballos buenos con intereses sexuales y violentos muy desarrollados. Después de un tiempo las personas recordaron que eran humanos y ahí todo se desbandó.

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