jueves, 26 de noviembre de 2015

Día 557: Recuerda escribir algo importante

      Recuerda escribir algo importante, me dijo, antes de que la espuma cubriera su boca. Se tragó un jabón el imbécil y murió de golpe. Después vino uno de la morgue y me aclaró que era una pastilla de cianuro. El viejo la guardó por muchos años, desde los tiempos de la guerra, creo, cuando los nazis se suicidaban porque se les venía el apocalipsis encima. Mi papá era uno de esos nazis.
      Pero sobrevivió gracias a la red Odessa y caímos en Vicente López, en Argentina. Bah, el viejo cayó, yo vine después. Año 1961 nací, justo cuando condenaron a Eichmann. Papá no fue tan malo como Eichmann, pero sé que hizo unas cuantas cosas por las que le negarían la entrada a Israel. O mejor dicho, se la aceptarían, para colgarlo.
      Al final creo que lo mató la culpa. Resulta que el tipo era asistente de Höss y no mató un solo judío. Pero claro, tampoco se preocupó por limitar la carnicería. Tres veces estuvo a punto de organizar una fuga masiva de Auschwitz y las tres veces desistió. El miedo, la culpa, el sentido del deber, vaya a saber qué.
      Cuando la guerra terminó y los rusos tomaron el campo de concentración, el viejo fue apresado. Höss se había escapado hace tiempo. El viejo, en cambio, lo llevaron directo a un Gulag. Directo a Siberia. Allá comió frío durante dos años hasta que Odessa pudo liberarlo y mandarlo a la Argentina para que me procree.
      El viejo llegó a Vicente López con una mano delante y otra detrás. Pobre hasta la mierda. Creo que hasta la caída de Perón que no se preocupó por buscar trabajo. El hombre se dedicaba a vagabundear por los alrededores de la sinagoga Lamroth Hakol. 
      Ya en los últimos años, el viejo me cuenta que un par de judíos estuvieron a punto de descubrir su identidad. Lamroth Hakol estaba fundada por judíos alemanes que vivieron la segunda guerra mundial, y algunos conocieron el horror de Auschwitz. 
      Contra todo pronóstico, el viejo decidió cambiar su apariencia y se presentó a la sinagoga con la idea firme de hacerse judío. Dentro de la sinagoga conoció a mi madre. Ambos me criaron en la fe hebrea. Y el resto de la historia es conocida. El viejo se instruyó para ser rabino de su sinagoga, lo logró y antes de que la espuma cubriera su boca me dijo que recuerde de escribir algo importante.
      Creí que nada podía decirse de un viejo rabino suicidado sin motivos aparentes, hasta que descubrí la píldora de cianuro y la memorabilia nazi enterrada en el fondo del patio. El viejo quiso escapar de su pasado y al final el pasado lo atrapó.

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