lunes, 30 de noviembre de 2015

Día 561: El mal matrimonio

      Para su décimo aniversario Mara le pidió a Facundo que se quite las costillas flotantes. De acuerdo a lo que leyó en la Cosmopolitan, así iba a ser capaz de realizar una autofellatio o, como lo decimos en nuestro buen criollo, chuparte a vos mismo la pija. 
      Facundo nunca entendió la sugerencia. Mara recibió a cambio una mirada consternada y un pedido de divorcio. Los papeles no tardaron demasiados. A fin de año el divorcio era una realidad.
      Y la soltería les vino bárbaro. Mara cogió como loca. Facundo otro tanto. No había hijos ni perros rehenes de por medio. Así que no tenían que disculparse con nadie por el uso y desuso de sus genitales.
      Pero la novedad del libertinaje a la larga cansa. Aburre. Por culto a la novedad de lo mismo volvieron a probar. Fue Mara la de la iniciativa. Facundo accedió, pero con sus condiciones. Claro que luego de una tremenda cogida, sus defensas, y la de cualquiera, estaban ya debilitadas. 
      Al año de convivir estalló la crisis. El boludo de Facundo se jugo a cuernear a Mara y le salió la cosa para la mierda. Se olvidó de un detalle: la discreción.
      Facundo anduvo otro año detrás de Mara, como perro faldero. Y la cansó. Y la convenció. Por insistencia. Se decidieron por un ballotage. Una tercera vuelta.
      Ahora sería Mara la de las condiciones. Libres. Sin ataduras sentimentales. Así sería el asunto. En el fondo quería estar bien con el flaco, pero no se iba a arriesgar de nuevo a terminar con el corazón hecho mierda de nuevo. Vamos despacio, le digo. Y Facundo asintió sin decir palabra.
      En un primer momento las cosas se dieron de maravilla. Parecía que iba a funcionar, después de todo, si estaban destinados a estar unidos, más allá de toda el agua que haya corrido debajo del puente. Pero no.
      Mara y Facundo se tomaron muy en serio sus libertades, y eso trajo aparejado un caso severo de celos. Un día, sentados en el living mientras miraban televisión, la miró y le dijo: Mara, ¿hace cuánto ya que estamos juntos? Perdí la cuenta, le dijo. 
      Si la memoria no me falla, son 45 años. 45 años de idas, vueltas, y también idas y vueltas, y vueltas e idas, dijo Facundo con precisión. Ambos se encontraban cerca de morir. Ancianos. Facundo tomó las manos de Mara entre las suyas, sin dejar de mirarla, sus ojos despedían un brillo extraño, acentuado por el reflejo del televisor. Mara, le dijo, ¿por qué no te quitás las costillas flotantes?.  

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