martes, 1 de diciembre de 2015

Día 562: Onda larga

      Nos tomamos el atrevimiento de esperar cinco segundos. Demasiado tarde, la bola aplastó el cuadro. Siguió hacia la calle, después. Optó por una ruta rápida, al final. Y la historia que nos contamos fue puro cuento. Pero vale la pena, contarlo. Así como fue. Comencemos.
      Una mañana de 1992 sonó en la radio Pet sematary. Un fanático de los Ramones decidió colmar las radios del conurbano con la pasión que nacía desde muy dentro de sus entrañas. Lo despidieron. A las radios de primera no les gustan los musicalizadores con "ideas propias". En realidad no lo querían, por gordo y drogadicto. Más por gordo. 
      Esa misma mañana de 1992 un joven despertó a eso de las once. En el radio despertador sonaba Pet sematary. Ese joven estaba loco. Tan loco se encontraba que de buenas a primeras decidió atacar a esa gran radio del conurbano. Porque sí. Un musicalizador gordo recién echado fue tomado de rehén, junto a otros tantos empleados.
      Nadie pudo prever que estas dos personas iban a congeniar. El espíritu los unió en la sacra labor de la rebelión. De repente una locura iluminaba sus rostros. Una locura mayor. La redención absoluta de la humanidad. 
      Un mundo de pordioseros. Oportunidades denegadas. Nihilismos de cartón. Así sería el siglo XXI. Nadie debería permitirlo. En sus manos radicaría la posibilidad de emitir un mensaje de alerta a la población. 
      La premisa era sencilla. Volver a las raíces. El joven loco anunciaba una era libre de toda emisión cancerígena del arte. Todo el problema detrás de la libre expresión del ser humano. Hay que reprimir. Reprimir. Y reprimir. Toda represión exitosa produce una desaparición del síntoma. 
      El mensaje fue escuchado, Aunque a medias. Unos cuantos locos salieron a la calle. Otros tantos prendieron fuego museos, radios y canales de televisión. Al final el musicalizador, cómplice de la locura del joven, y el pequeño mensajero, fueron metidos dentro de una cárcel. Toda una estupidez sin sentido. Salvo que la chispa dejó una humareda. Y por lo bajo el crepitar de un futuro fuego empezó a sentirse. Detrás de una falsa rebelión, una revolución estaba a punto de nacer. 

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