miércoles, 2 de diciembre de 2015

Día 563: Cerrado por obras

      Debimos parecer los imbéciles más imbéciles de toda la galaxia. Cuánta vergüenza. No siempre nos toca ser espectadores de lujo de una estafa planetaria. Nos comimos el verso de la invasión alienígena, tengo que decirlo. Pensamos que eran malos y nada que ver. Los tipos eran más inofensivos que un cuento de Paulo Coelho.
      Dicen que alguien está en los detalles. A falta de Dios, se lo solemos atribuir a un expeditivo sujeto. Un oficial de cuentas. Un burócrata. Un empleado administrativo. O algo por el estilo. Detrás de esas personas a veces se esconde el fin último de todo el universo. A veces no. A veces solo tienen papeles inútiles en la mano, como acostumbran.
      Para decirlo de algún modo, alguien hizo mal las cuentas. Un detalle económico, le llamaron. Y así vendimos la Tierra por una minucia. Precios de oferta. Al mejor postor. Vinieron los nebulianos a privatizar el sistema solar, y mierda que lo lograron.
      Desde entonces fuimos sus vacas. Sus imbéciles personales. Esos pequeños renacuajos intergalácticos se divirtieron inseminándonos con las técnicas más inverosímiles. A los humanos más inservibles los mandaron como carne para matadero.
      Hay que reconocerlo, la gestión nebuliana en la Tierra fue un éxito. En un año redujeron el agujero de ozono a cero. La economía mundial floreció gracias a la explotación de mano de obra esclava.
      Diez años después pudieron vender el planeta a diez millones de veces el precio invertido. De acuerdo a las fuentes, la Tierra fue adquirida por un sombreriano millonario (todos lo son). La idea, excéntrica por cierto, es la de montar un gran museo universal de la tortura. El planeta está cerrado por obras.

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