martes, 8 de diciembre de 2015

Día 569: Tenedor o muerte

      El tipo estuvo involucrado en la revolución de los tenedores. Al menos así lo atestiguan las fuentes. Esa mañana del cinco de febrero de 1956, un hombre irrumpió en el Ministerio de trabajo al grito de "Tenedor o muerte" luego de accionar el detonador de la carga explosiva que abrazaba gran parte de su cuerpo.
      La sociedad preguntó a sus gobernantes la identidad de los terroristas. Necesitaban una respuesta. El hecho podría haber sido un acontecimiento aislado de no ser por los ecos del acto en diferentes rincones del país, de mayor o igual magnitud. Por lo bajo corrían las ratas, llevando y trayendo rumores. Grupos paramilitares. Aficionados religiosos. Incluso se hablaba de una fuga masiva de un importante centro de salud mental.
      Ninguno era acertado. Detrás del caos se encontraba sentado un solo hombre. Un tipo común y corriente, sin mayores aspiraciones en la vida. Un hombre que se levantó en la mitad de la vida con una pregunta incómoda dentro de su boca: ¿Puede pasar si quiero? Y la respuesta no tardó en llegar. Claro que puede pasar.
      Primero fue un ensayo. Algo para divertirse, se dijo. Esa prueba dejó algo en evidencia. Se podía. Y no se necesitaba tanto.
      Quizás lo más complicado para llevar a cabo su plan diabólico ya lo tenía dentro de sí del vamos. Un cierto desinterés por las consecuencias que puedan traer dos acciones. Una cierta desconexión de la culpa hereditaria de la especie. El elemento adecuado para actuar con libertad plena.
      Lo descubrió por casualidad mientras comía. Un símbolo. Eso que lleva adelante las luchas más sangrientas. Y también las más valiosas. Cortar o pinchar. Todo corte pasa. El que pincha tiene memoria, es consciente del dolor alojado en el recuerdo. El debería ser el tenedor de los oprimidos. Pinchar en los lugares adecuados. Pinchar hasta que la superficie deje de lado la empinada artificial. Esta noche y las que sigan el tipo quiso ser el tenedor, a falta de mejores nombres. Y aunque muchos vieron en su pronta detención los signos inevitables de una derrota. El tipo nunca de dejó de creer. El tenedor pincha y no cede. Ni cederá.

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