jueves, 10 de diciembre de 2015

Día 571: Puerta de emergencia

      Vas a ver como se arma la hecatombe, yo sé lo que te digo. Las marsopas se están organizando. Digamos que estamos a medio centímetros de una revolución. De las sangrientas. Claro, una revolución sin sangre no es una revolución, es más bien una fiesta de cumpleaños con inconvenientes.
      Están todas armadas hasta los dientes, lo juro. No es una mentira para asustar. Las veo venir, desde la cima de la montaña. Van a apagar el sol con el fuego de la muerte. No quiero ponerme dramático. Aún tengo chances de escapar. No sin antes advertirles. Bueno, mi trabajo ya está hecho.
      Otra cosa, antes que me olvide. Voy a gritar muy fuerte, del susto. Pero que eso no los confunda, mis pensamientos son bien claros, casi cristalinos. Desperté esta mañana con la novedad de las marsopas terroristas. Y créanme, no dije ni mu. Acepté la realidad casi como un caballero. No lloré. No pataleé. Acá me tienen, hecho un hombre.
      Ya no puedo asumir esa posición. Considerarme hombre luego de la inminente caída de la civilización no sólo es un acto estúpido sino también temerario y arrogante. Correré desnudo hasta perderme en la nada. Trataré de mantener relaciones sexuales con la naturaleza con la esperanza de engendrar una cosa nueva. Algo menos estúpido y más consciente de la gran mierda que nos rodea. No tengo mayores esperanzas, aún así, deséenme suerte.

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