viernes, 11 de diciembre de 2015

Día 572: La esposa de Lot

      El nativo caminaba por el pavimento, dudoso de sí mismo. Tenía miedo de voltear la cabeza y encontrarse con los ojos de su patrón. Mejor dicho, su ex patrón. Las cosas son curiosas, pensó, hace cientos de años atrás mis antepasados llenaron con sus pies esta tierra, y ahora se me echa como a un vil ladrón. Cosas curiosas. Muy curiosas.
      Luego de tomar el desvío hacia la tranquera, observó de reojo la casona. El ex patrón ya se había ido. A maltratar a sus esclavos, seguro. El tipo nunca dejó de ser una mierda. Nunca. Si tan solo hubiese un modo de hacerle pagar tanta gratitud. 
      El fuego limpia. Un buen incendio podría acabar con todo. Pero el campo no solo contaba con vidas miserables. También vivía allí buena gente, con gran corazón. La Señora, por ejemplo. ¿Cuántas veces se la había encontrado en el galpón del fondo? ¿dos, tres veces? No importa la cantidad. Estaba pensando en la calidad. Esa mujer sabe lo que hace, recordó el nativo con nostalgia.
      El ex patrón siempre anduvo como ciego a lo que ocurre a su alrededor. Según le contaron al nativo algunos esclavos, el hombre vive loco por la ciudad, pero no puede pisar un solo pie por temor a su padre, el verdadero patrón de toda la porquería. Se llevan como perro y gato, o peor. El viejo es un zorro con dientes de caimán.
      El mundo abría sus amplios brazos al nativo. Vivir en la calle es una tarea para una persona valiente. Nunca se consideró algo así, pero dentro de todo era bastante duro, curtido por el trabajo en el campo. ¿Qué tanto diferente podía ser la ciudad?
      Cerró la tranquera con cuidado. A la distancia, una silueta se acercaba a grandes pasos. Tenía dos valijas enormes colgadas de cada brazo. El nativo sonrió con un dejo de sorna y por última vez le dio la espalda a su pasado.

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