lunes, 28 de diciembre de 2015

Día 589: La reverenda concha de la madre

      Supuso que le decían la verdad. Se tragó el verso como los mejores. Jacinto estuvo muerto desde que pronunció la primera oración. Cinco puntitos rojos se posaban en su frente transpirada. Los rifles escupieron una bala cada uno. Una sexta lo remató.
      Desde el barrio dineron que fue un ajuste de cuentas. El flaco era un alcahuete. Un buchón de primera línea. Y se metió con la gente incorrecta. Y se la hicieron pagar muy caro el atrevimiento. No era mal tipo Jacinto. Para nada. Lo que pasa es que tenía un problema con la mentira. No sabía distinguirla de la verdad.
      Se comía cada uno de los versos que le decían. Los reproducía de sus labios como si fuese un santo evangelio. Y no solo eso, hasta empapelaba las calles con las cosas que oía. 
      Un buen día se cruzó con estos tipos. Chorros de poca monta con una organización parecida a la mafia pero en menor escala. Se la junaron. Primero fue una advertencia, después no dudaron en agujerearle el cuerpo. Jacinto, en su inocencia, esperó otro desenlace, pero no.
      A vos te vamos a hacer cagar fuego, le dijeron. Y así fue. Le hicieron cagar fuego de lo lindo. Lo que ninguno se imaginaba es lo que vino después del tiroteo.
      San Jacinto lo llaman algunos. Jacinto, el milagroso. El hijo de Lázaro. Yo prefiero llamarlo zombie a secas. El tipo volvió de la muerte y se los comió a todos. Los contagió con un virus que vaya uno a saber de dónde puta lo sacó. Jacinto, milagroso. Claro. Obró milagros. Era buen tipo. Ahora como zombie es la peor porquería que existe. 
      El barrio de Jacinto quedó en cuarentena eterna, como Pryapat. Dudan que se extienda la epidemia, como ocurre en las películas. Yo no sé, a veces dudo y me protejo. Por eso compré este boleto de avión. Quiero estar lo más lejos posible cuando todo se vaya a la reverenda concha de la madre.

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...