miércoles, 30 de diciembre de 2015

Día 591: Inconcluso

      Sintió que estaba muriendo para siempre. Algo así como tener los huevos colgados del techo por una eternidad algo larga. Su cuerpo ya le envió ciertas advertencias. Comenzó por las manos. Hasta llegar al brazo. Poco a poco los nervios motores se apagaban.
      Las paredes del mingitorio se estrecharon. El chorro de pis iría a parar vaya uno a saber adonde. En ese momento pensó en fluidos. De todo tipo. Corporales, de vehículos, agua. La vida se le escapaba con cada chorro, con cada emanación líquida.
      De lo que queda es lo que podemos ofrecer. Un poco de cada cosa. Y la tortura no termina. Y la fiesta no termina. Y todo no termina. Aunque algo deba de acabar. 
      Eso es lo que se repetía para sus adentros, mientras trataba de dispersar la resaca del día anterior. Un aspersor se encendió en la lejanía. Es verano. Hace un calor de cagarse. De morir. Tan fija la idea. Es la resolución ideal.
      Pudimos desvanecernos como la gloria de aquello que fue, eso piensa antes de morirse para siempre. Los huevos se alargan. Hasta parecer una curvatura extendida del radio de lo semejante. Una matemática inútil. Es a la muerte de lo que pasa. 

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...