jueves, 31 de diciembre de 2015

Día 592: Fin de año

      Debía manejarse con sensatez. Quizás en otra vida haya sido un diligente capitán de guerra mundial, ahora no era nadie. En ese momento, al filo de herirse feo, se le vino a la cabeza muchos recuerdos. De como se graduó del secundario. De su paso por la escuela militar. Aquella vez que provocaron una falsa alarma de incendio en el cine, muy gracioso. A la noche pasaban películas condicionadas. Nadie iba a ver la película, por cierto. Todos se amontonaron, semidesnudos, en la puerta de emergencia. Muy gracioso.
      La explosión de una granada lo trajo de vuelta a la realidad. Estaban arrinconados. La guerra se había perdido hace meses. Ahora su compañía se debatía acerca de cuál sería el mejor método para rendirse. No llegaban a un acuerdo. Los norteamericanos querían sangre. Los rusos, carne de gulag. Y los británicos, detrás de su corrección política, otro tanto.
      Ya nadie recordaba los tiempos anteriores al Reich, el Führer, para bien o para mal, había hecho un buen trabajo. Muchas personas comentaban por lo bajo, que Hitler se encontraba negociando la rendición. Junto a los aliados reconstruirían Berlín. Al menos eso se decía.
      Después recordó que la guerra te quita los días. La sensación es que los meses pasan y todos los años se le parecen. El Sturmbannführer miró por última vez el calendario. 31 de diciembre de 1944. Hay que celebrar. Entre gritos tapados por ráfagas de ametralladoras y obuses, pidió que brindasen por Alemania, 1945 va a ser un año grandioso.

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