martes, 5 de enero de 2016

Día 597: Moscú

      El hombre se resistió al arresto. Repetía como un disco rayado ¡Moscú, Moscú! Como si allá lejos le hubieran hecho cosas malas. Vaya uno a saber. Lo tuvieron que neutralizar entre cuatro. Un quinto policía llegó a darle un bastonazo en la cabeza.
      El interrogatorio fue el de rutina. Las respuestas, con diferentes gamas de intensidades, iban desde un Moscú pequeño, hasta un Moscú casi gritado. Los oficiales, impacientes, se resistieron las ganas de cagarlo a palos al rusito. Así lo llamaron, rusito.
      Al rusito lo tuvieron cuarenta años en cana. Cuarenta años pasó ese hombre sin documentos en la cárcel, sin decir una sola palabra. Claro, si no se cuentan las cantidades de veces que mencionó a Moscú. Eso totalizaría un aproximado de cinco millones de palabras. Todas iguales. Moscú.
      Desde la unión soviética, primero y Rusia, después, nadie pero nadie reclamó a ese hombre varado en Argentina. Qué carajo, el tipo ni siquiera tenía pinta de ruso. Solo decía Moscú, así como un pájaro podía decir pio pio pí. O una vaca mu, o un gato miau. O un rusito Moscú.
      Una mente perspicaz podría preguntarse por qué al rusito no lo mandaron derecho al loquero. Bueno, ganas a la policía no le faltaba. Pero no se podía, el hombre había aparecido en el medio de una escena del crimen, manchado de sangre. Sus huellas aparecían a lo largo de todo el cadáver. Si el hombre no era culpable, al menos les debía una buena explicación. Una que hable de otras cosas, aparte de Moscú.
      Para el año 2026 lo soltaron al pobre rusito. Nunca un solo quilombo en la cárcel. De hecho se lo veía tranquilo, contenido. Lo tuvieron que echar por poco, ya que no quería abandonar su celda. Lloriqueaba y se sobaba los mocos al ritmo de un Moscú tétrico y apagado. Las noticias no tardaron en llegar. Un meteorito, fulminante, del tamaño de la luna, había caído en Rusia. Claro, en el centro de Moscú, que ya no existía, por cierto.
      El rusito, con la noticia fresca y casi en libertad, o mejor dicho, echado a patadas, tomó aire y gritó: "SE LOS DIJE, SE LOS DIJE" y repitió lo mismo hasta que la atmósfera de la Tierra dejó de ser apta para la vida humana.

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