domingo, 10 de enero de 2016

Día 602: Lance Armstrong

El sueño de una pelusa es poder encontrar su abrigo. Es que el ombligo le parece poca cosa. Esa pelusa busca ampliar su horizonte. Quiere ser ciclista. Ganar el Tour de France. Sin drogas, por supuesto.
Pero siempre existe un alma miserable que te pincha las ilusiones. Ese bastardo que te dice: "sos una pelusa, no podés hacer eso, te faltan piernas" y uno podría responderle, a vos te falta ética y sin embargo sos abogado. O cosas así. No importa, nadie debe detener esa montaña que cada vez se parece más a un muro.
Así que la pelusa sorda estrena. Por los días y por las noches. No logra desarrollar piernas, pero al menos logra mover el pedal de la bicicleta, un poco. Quizás dentro de un año logre avanzar un metro.
Ha dejado atrás su naturaleza de acompañante de la mugre, polvo y tierra. Podría ser una plaga que invada el planeta. Pero no. Prefiere la fama, la gloria, quiere participar de los juegos Olímpicos. No los especiales. Los normales.
La pelusa sueña con su nuevo abrigo. La eternidad de los mortales. Quiere salir en las revistas. Ser trending topic en Twitter. Llenar el mundo de noticias acerca de su nombre. Quién sabe, tal vez hasta le crezcan piernas en el camino. Por ahí encontrar un amor, casarse, tener pelusitas. Nadie puede dejar de soñar, aunque sea un poco.

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