martes, 12 de enero de 2016

Día 604: Escape

      - ¿Para qué jugarse por esa basura? El hombre de los millones. Ese que puede comprar tu vida entera con tan solo un suspiro. Esa persona estaba en peligro y mejor dejarlo morir.
      Luego de un extenso debate cedí. La culpa, dicen. Por eso lo maté. Para que no sufriera más. Ganas de hacerlo no me faltaron. Mentiría si dijera que no me produjo placer sentir como la sangre se le  escurría entre las piernas. Fui a la femoral, conciso y seguro. Quedó seco en menos de dos minutos. Luego me atraparon y me llevaron a la comisaría. Me trataron de asesino. Usted, abogado, tiene que demostrar lo contrario. Estábamos perdidos, lo sabe. Sin alternativas. No fui un héroe. Tampoco quise serlo. Pero cuando una necesidad se antepone al placer, uno debe pensarlo dos veces. Algo de eso tiene que haber en alguno de sus libritos de leyes.

      - Entiendo su postura, Reyes. Pero salvo que aleguemos falta de cordura temporaria me temo que su caso es un rotundo culpable. Me pidió sinceridad y acá la tiene. El tipo tiene conexiones. Familiares preocupados. Gente de mucha guita. Le podría sacar de cinco a diez años de cárcel y sería negocio. Créame.

      El recluso se rascaba la nuca, de forma compulsiva. Entendía poco a su abogado. Pero culpable y cárcel sí entraba en su vocabulario. No repetiría lo de Caseros. Quería estar lejos del cemento.

      - En todo caso puedo escapar. Usted me puede ayudar.

      El recluso movía los ojos con nerviosismo. Saldría volando si pudiera. Una solución mágica. Eso es. Una solución mágica. El abogado volvió a repetir lo dicho la semana pasada:

      - Reyes, no puedo y lo sabe. Empeoraríamos todo. Lo van a atrapar. Afuera hay gente viva. Incluso pueden matarlo. ¿No tiene miedo?

      - El miedo es un traje que me queda bien, señor. Usted desconoce los límites de la vida. Estar jugado todo el tiempo. Quemar llantas por acá y por allá, como si nada valiese un carajo. No lo sabe. No tiente a la suerte.

      El recluso vio que ya había dicho demasiado. Con cuidado dejó que la aguja se clavara en el brazo. Cayó de la silla al instante. Los guardias entraron y tomaron su pulso. El hombre estaba más que muerto. El plan funcionó a la perfección.

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...