jueves, 14 de enero de 2016

Día 606: El amor es un aro prendido fuego

      Ojalá podamos discernir lo que nos queda debajo de las carnes magras de tanto esperar. Ese culo dibujado sobre el asiento. Una moto que se escapa hacia el abismo. Un Evel Knievel de la desesperanza. Montado. Un rostro que deja de temer. Lo que supone un salto. Un movimiento de piernas.
      Ágil no se detiene. Ágil agita los brazos y el resto del contorno de su persona. Y cuántas tempestades juntos, bajo el mismo techo. No se detiene. Hiere como ese cuchillo de carnicero, desafilado. Avanza en el improperio. La puteada lisa y llana. 
      Dejás el muerto en la lluvia para que los gusanos jueguen. Hay que decirle al forense que murió de amor. Hacer que te crea. La ciencia del imprevisto. Cuando uno y uno dejan de ser dos. Y hay que equivocarse fiero en el camino para seguir avanzando a pesar de las bombas molotov. A pesar de lo que digan. A pesar del mismo pesar. 
      Tiempo fuera piden. Para el cuerpo en vuelo. Caído. Desmembrado. Inocente. La mala pasada no se volverá a repetir. Una mala jugada. Un traspie. La moto nada sola. Agua hundida acorazada. Ese valor del intrépido. De lo poco que vamos siendo a pesar de todo. A pesar de nosotros.

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...