sábado, 16 de enero de 2016

Día 608: Operación retorno

      Cuando terminó la opereta el saldo de muertos superó al de los vivos. Un escuadrón de policías irrumpió en las instalaciones del banco para rescatar a un solo rehén a punto de morir. El resto ya lo había hecho hace tiempo. Una ráfaga de balas había agujereado sus cuerpos.
      Los de la morgue tuvieron trabajo como para una semana. Los noticieros otro tanto. La pregunta que se hacían todos, ¿Quién es Hans Coniglio? Ex científico, borracho empedernido, vagabundo, ex padre, ex hijo.
      El hombre se encontraba a la deriva. Sin mayores recuerdos que una llave entre sus manos. Vaya uno a saber qué carajos abriría. Coniglio la guardo entre sus nalgas, por si acaso. En realidad más profundo. Tendría que resistir una inspección de cavidades. Con un poco de fuerza adecuada la llave no asomaría de su ano.
      Y lo bien que hizo. La llave no solo le servía para abrir su celda, sino que también envenenó a los guardias y le sirvió de GPS. En el mapa desplegado se encontraba un punto azul. A unos quinientos, seiscientos metros de distancia.
      Coniglio caminó las calles con cautela, de hecho ahora era un prófugo buscado por la ley. La casa de afuera no decía nada. De adentro menos. El hall de entrada no tenía mayores decoraciones. Una televisión de veintinueve pulgadas y un VHS con la indicación de "mirame"
      Allá estaban todas sus memorias perdidas, guardadas por si acaso. Pronto el pasado alcanzaría al presente y Coniglio dejaría de ser un desconocido para si mismo. Una revelación. El sentido de la vida. El doctor Coniglio volvía al ruedo. Una vez más.

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