martes, 19 de enero de 2016

Día 611: Oda neoliberalista

      Cuando en el 92 Boca salió campeón medio mundo salió a festejar. Ya Menem y su equipo empezaba a hacer de las suyas. Un paraíso fiscal daba inicio gracias a las bondades del dólar. Mientras tanto, las personas, aquellas que podían celebrar, empezaron a tirar sus cohetes dentro de las vaginas de las mujeres. Y así fue como ese año nacieron tantos.
      El pequeño boom demográfico fue solapado por la muerte de algunas celebridades. Como Piazzolla, John Cage o la mamá de la Josefa. Salvo por lo del campeonato de Boca, 1992 fue un año triste. Un año triste y par. Fue mi abuela que una vez dijo, que los números pares fueron creados por el demonio. Y le creo. Vaya si le creo.
      Ese 1992 fue cuando perdí mi trabajo. También fue ese 1992 que conocí al amor de mi vida, conocida mejor en los barrios como la "hija de puta que me cagó la vida"
      Bueno, no todo fue malo, aun Nirvana tocaban y seguían componiendo música. Yo creo que también hacía algo con la música, pero no recuerdo bien. Nos drogábamos tanto. Y fueron buenos momentos, a pesar de toda la debacle y todo lo que vino después. El inevitable recuerdo posterior a la desintoxicación que nos significó hacernos grandes y más pelotudos.
      La mayoría de los pibes de la banda nos rajamos del barrio. La mitad, creo, con prontuarios y varias causas abiertas. A mi me tocó la mejor parte. Cumplí una sentencia chica y me sacaron al toque de la cárcel. Me porté bien desde entonces. Cuanto pintó vicio, lo hice tranquilo.
      Después empecé a leer y cultivar un poco el seso. Cada tanto me metía a alguna que otra clase de la universidad así aprendía algo. No me importaba qué. Cualquier cosa. Los libros se volvieron mi nueva droga. En ese entonces mis códigos de barrio mutaron en una cosa inabarcable. Filosofía mutante. Vino en tetra y Descartes. Fue por esos años que se me ocurrió volver a juntarme con los pibes.
      La mitad estaba casado, la otra mitad, muertos, en cana o fuera del país. Solo quedamos mi espíritu rebelde y el Gonza. Un ídolo el Gonza. Si tuviera que contar su historia, no me alcanza esta página, seguro.
      Con el flaco montamos un negocio. El sabía cocinar, a mi se me daba bien atender a la gente. Vendimos choris a la salida de los boliches. Creo que fuimos uno de los primeros que tuvimos esa idea. Los primeros en transar con los milicos. Los primeros, en todo. Y la juntamos con pala ancha.
      El Gonza, ahora retirado del negocio, siempre fue vivo. Me decía, flaco, vos comprá dólar e invertí, comprá dólar e invertí, cuando te quieras acordar, vamos a estar del otro lado del vidrio polarizado. No nos van a tocar ni mierda. Y así fue. Nos volvimos muy ricos. Demasiado. A veces me da nostalgia sentir el vidrio empañado. Me pregunto qué habrá del otro lado. Luego recuerdo el frío, el calor, los mosquitos, las personas y 1992, y se me termina de pasar.

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...