miércoles, 20 de enero de 2016

Día 612: Libro sin hojas

      El tiempo me ha dejado sin palabras. Así como el agua horada la piedra. En silencio. Con pocas oraciones que expliquen aquello que se nos fue y no vuelve más. Allá lejos quedó la puntillosa verborrea de la adolescencia. Un templo vacío se erigió en su lugar. Un sentir dislocado. Fuera de termino.
      Nada que pueda discernirse de aquello que pueda suceder. Los recuerdos, el mañana, ahora, sumidos en un vendaval de fotos sin etiquetas. No vamos a despertar sin saberlo, si es sueño o realidad o si tal vez sea algo diferente, una bendita novedad que venga a alterar esta monotonía ancestral de los días.      Me gusta desperdiciar la vida con un poco de placer del viejo. De mi escuela quedan pocos. Hágase, ármese usted mismo. No dejen lugar a las dudas, proceda sin hacer preguntas. Sea algo para alguien o alguien para algo. Sin juzgar. Sea. Porque soy lo digo aunque estas ropas ya no puedan vestir mi desnudez.

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