lunes, 25 de enero de 2016

Día 617: Teogonía posmoderna

     La noción del buen viajero lo demuestra, quien llega al ocaso es capaz de todo. Ese viejo hombre teñido de espanto que busca un descanso para su espalda estropeada por el decurso de los años. Así pudo haber despertado, consumido, con su cuerpo en otra dimensión.
     El viajero de múltiples universos tiene que comprender, las leyes de la física no siempre aplican. A veces existen saltos que revierten las tendencias más aplicadas. Así ocurrió con ese cuerpo que empezó a desfallecer en su vejez. 
     A cada paso morían las células del antiguo sistema, dejaban su lugar a nuevos nutrientes, desconocidos, sustancias capaces de reformar el paradigma humano y reconvertirlo.
     Joven, inexperto, el cuerpo se entregaba a las reformas con ahínco. Sería capaz de un último viaje, por su salud y la de todos los que precedieron esta aventura interminable. Observaría el cataclismo con cierto gusto. El ánimo de un fantasma que invita a la delincuencia.
     Después el multiverso enseña sus incontables lecciones al viajero desprevenido. Que existe un punto en la galaxia donde la energía puede ser destruida. Que un átomo puede generar otro átomo, sin ayuda ni mayores contemplaciones. Que el estudio del pensamiento y todo lo que nos rodea, carne, hueso, articulaciones, no son más que retazos de un lenguaje corrupto dentro de un libro gigante escrito con el culo de un viejo dios beodo e inconsciente.

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