viernes, 29 de enero de 2016

Día 621: Embarazo no viable

      Visto desde un marco demasiado múltiple la cosa debía morir. De hecho no existía un mundo posible en el que la supervivencia estuviese asegurada. Es el sacrificio, por un fin mayor, se dijo a su mismo Faulkner antes de encender la palanca. No podía negarlo, se había encariñado con el monstruo. 
      Sufrió la pérdida a extremos del llanto más impúdico. La tristeza fue reemplazada muy pronto por lo inesperado. Faulkner presentaba señales de embarazo. Él, hombre, embarazado. Nadie podría explicarlo. Ni el origen ni el desenlace. 
      Todos en el laboratorio permanecieron consternados ante la noticia. Las primeras ecografías arrojaron algo de luz al misterio. El monstruo se había reproducido y ahora Faulkner sería una orgullosa mamá viuda. 
      El doctor, luego de colocar el transductor en su lugar, hizo un breve diagnóstico. El embarazo presenta señales similares a la parasitosis. El huésped, así lo llamó, actúa a la manera de un quiste. Un tumor, para ser más preciso. El pseudofeto comprometía gran parte de su aparato digestivo. Faulkner tendría dos opciones, abortar o morir.
      A Faulkner se le llenaron los ojos de lágrimas. De ningún modo voy a permitir que muera una criatura. Un monstruo antropófago, agregó el doctor. De todos modos, quiero tener a mi hijo. Voy a ser una gran mamá.
      Y lo fue, claro que lo fue. La cosa no tardó en taladrar el cuerpo de Faulkner. Se los comió a todos en el laboratorio.  Como postre tomó el cadáver de su ahora difunta madre. Es una pena saber que un cadáver descuidado dejó la puerta abierta.

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