sábado, 30 de enero de 2016

Día 622: Escena del crimen

      El tipo, un impertinente, tenía los ojos tatuados en las tetas de la mujer sentada enfrente suyo. Todavía quedaba una hora para ser atendido por el doctor. Revistas para leer no había. Tampoco importaba mucho, para el caso, él era un analfabeto de los buenos. Solo sabía leer el mensaje de las tetas. Y estas le decían de forma clara y concisa: "mírame y regocíjate"
      La mujer, que no advertía las miradas furtivas o se hacía la zonza, estaba perdida en su celular, tecleando cada centímetro de la pantalla con el pánico de una neurótica obsesiva. El hombre decidió romper el hielo, aunque sea un iceberg, y tomó el asiento más próximo a la mujer:

      - Es larga la espera, ¿eh?

      La mujer hizo como que no escuchaba. Seguía absorta en su celular. Al cabo de un minuto respondió:

      - Si. Me estaba mirando. No soy boluda. 

      - Yo tampoco. - dijo el hombre y soltó una risita nerviosa.

      No hablaron como por quince minutos. El tipo pensó que se iba a morir ahí mismo. Tengo casi 75 años, mucho no me falta. Pobre, debe pensar que soy un viejo verde. El hombre aclaró la garganta y dijo:

      - No soy un viejo verde.

      - Yo tampoco. - dijo la mujer e imitó la risita nerviosa del hombre.

      - Usted me está jodiendo.

      - No, para nada, soy muy respetuosa de la gente mayor.

      - Más mayor será su madre, yegua.

      El hombre se silenció. Entendió el exabrupto. No volvieron a hablar. La mujer volvió a su celular. Movía la cabeza, como molesta por la interrupción. Pasó una hora, dos. El hombre preocupado volvió a dirigirle la palabra a la mujer:

      - Disculpe lo de hace un rato. El doctor se está tardando mucho, ¿no cree?

      Era cierto. La mujer asintió y no dijo más. Como si existiese una especie de conexión telepática entre ellos, el viejo y la mujer entraron al consultorio sin golpear. Allí estaba el doctor, tan muerto como un cadáver. Ambos entendieron por qué se tardaba tanto. Ahora se iba a tardar más aún. El viejo miró a los ojos por primera vez a la mujer y dijo:

      - No soy un viejo verde.

      - Yo tampoco.


No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...