domingo, 31 de enero de 2016

Día 623: El amor es una piedra

      Tanto te tardaste en aparecer y a mí poco me importó. Dicen que el amor de la vida solo llega una vez. Dicen. A mí no me funcionó eso del amor. Prefiero otras cosas más terrenales. Como las drogas. O el humor. O los abortos. Me dijeron más de una vez aborto de la naturaleza, ¿cómo debería sentirme? ¿Mal? No, me río, porque de eso  nacemos, de una gran broma pergeñada por el imbécil más grande de todos los imbéciles, si es que existe. Si es que no estamos librados a un caos ligeramente ordenado. 
      Anoche dormí bien. Y la otra noche también. Y la otra noche de la otra noche también. ¿Por qué debería dormir mal? Tengo la mente tranquila, no me hace falta esas cosas que todo el mundo anhela como si fuese un caso de vida o muerte. Vivo y es suficiente. Sé que a algunas personas ese simple hecho de respirar y tener un corazón que bombea sangre a diferentes partes del cuerpo no les alcanza. Yo tengo suficiente con eso, así que puedo cagarme en el amor. Así, tranquilo. El amor puede pasar por la vereda de enfrente, que ni voy a darme la vuelta a saludarlo. 
      Lo conocí, sí, lo probé, si. Y es verdad, no está hecho para mí. El amor requiere un sacrificio para el cuál no estoy hecho. Tengo otros niveles de compromiso. Con las cosas, por ejemplo. Compromiso a beber. Compromiso hedonista. Compromiso con el no compromiso. Araño los cincuenta y nadie me hizo cambiar de idea. No es cuestión de edad, ni boludeces del sentir. Es lo que pasa. A veces pasa, a veces no. Y a mí me pasa esto, tan lógico como que dos y dos son cuatro y cuatro y dos son seis, y así.
      Pocos entienden acerca de la felicidad verdadera. La felicidad es dejar pasar el mundo. Dejar que te atropelle con todas sus fuerzas, y quedarte sentado, ser un espectador de lujo. La televisión vende el humo de ser temerario, arrogante, de ser un soldado de la causa más noble de espíritu. Mentiras. Todas mentiras. No se lucha por ser feliz. Se lucha por dejar de serlo. Cada paso hacia la felicidad los aleja. Más y más. Pobres ignorantes. Soy tan feliz como lo puede ser una piedra. La piedra no busca ser feliz. La piedra es, y se contenta con serlo. ¿Por qué yo debería actuar de diferente modo? Si estamos hechos de los mismos átomos.  Los mismos putos átomos. Esa clase de compromiso, o similitud, si quieren llamarlo.
      El amor. Amar. Qué tanto. El amor es una piedra. Yo soy una piedra. Todos lo somos. Nos preocupamos tanto en lo que debemos ser y nos olvidamos de ser. No hay guías. No hay atajos. Solo ser. Una huella. Una piedra. Y el resto, que quien sea se haga cargo.

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