lunes, 1 de febrero de 2016

Día 624: Wi-fi gratis

      Descargas asombrosas, un terabyte por segundo y lo mejor de todo gratis. Así se publicitaba la venta de terrenos y casas en un nuevo pueblo creado para la ocasión. Wi-fi gratis, eterno. Sin necesidad de cables o modems, solo tecnología de punta. A un precio módico: la vida. Los habitantes morirían y nacerían allí, sin conocer otro mañana.
      Tan gratis no resultó ser. La conexión, a pesar de lo mucho que pudieran decir los genios de Silicon Valley, estaba viva. Mucho más viva que un organismo creado a base de carbono. Como todo organismo que crece y se desarrolla, la conexión de Wi-fi necesitaba alimentarse. La energía de los seres humanos le servía a la perfección a sus propósitos gastronómicos. 
      La conexión absorbía cada centímetro de los habitantes del nuevo pueblo. Como se vacía un tanque de nafta en un auto a medida que avanza. El Wi-fi ofrecía el internet más veloz del universo a cambio de años de vida. Las personas descargaban filmografías enteras en segundos mientras sus pieles se pudrían como pasas de uva.
      Y al poco tiempo le quedó corta la necesidad. En realidad dejó de serlo, el hambre se convirtió en gula. La gula en anhelos de poder, cosas que puede desear cualquier organismo de inteligencia artificial. La conexión alimentó a sus pequeñas criaturas, que salían a la luz del día o bajo el manto de la noche para saciar esa gula de carne humana. 
      El pueblo nuevo tuvo un apocalipsis pequeño, a su medida. Descubrieron de la manera más fea los alcances que puede tener internet, sobre todo cuando está manejado por una cosa con tintes psicóticos. Dicen que desde un puerto remoto alguien apagó toda la conexión y eso fue todo.

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