sábado, 6 de febrero de 2016

Día 629: Lady Di

      Un buen día, de esos increíbles, la mayor convención de motoqueros del universo decidió cruzar a nado la distancia que separa Estados Unidos de Europa, a través del Océano Atlántico, con sus motos. Una hazaña estúpida, dirían muchos, y no le erraron. Pero no se confundan, el corazón de un motoquero está en el lugar indicado y eso es, bueno, un lugar en donde por lo general no van a encontrar un corazón. 
      Arriesgado, temerario, esa clase de adjetivos fluye por la sangre de un apasionado por las motos. Poco le importa perder la cabeza en una curva. Poco le importa que su cuerpo le quede tan raspado como un fósforo usado. Así es su vida. Y eso le devuelve al mundo el lugar de las cosas, el orden adecuado, por decirlo de algún modo.
      Debo confesar que el desafío fue agradable a la vista, no por el morbo de ver morir a tanta gente, no, no se confundan. Soy una persona con un cierto sentido de ética o moral o como quieran llamarlo. Me gustó por el simple hecho de ver las barbas flotar. En realidad esa era mi teoría, que el motoquero iba a caer hacia el fondo del océano, pero que su barba iba a flotar, ¿raro, no? bueno, díganselo a Newton si tienen dudas. Yo lo vi por la televisión y así fue.
      En la costa de Gales, donde esperaban a este grupo de aventureros de las dos ruedas, montaron un pequeño escenario y una fanfarria que ensayaba a destiempo los acordes de born to be wild, ese tema que todo el mundo conoce de Steppenwolf, pero que nadie puede decir ni el nombre de la banda ni de la canción, es cierto, lo juro, lo vi en la televisión, pero también en la calle. A veces salgo a hacer las compras, como cualquier ciudadano, común y corriente.
      Bueno, no sé si llegar al final de la crónica o seguirla estirando, la cosa es que algunos llegaron, aunque ustedes no lo crean. No recuerdo bien, pasó hace unos años, me parece que fueron dos o cuatro. Entre esa cifra. Un dato curioso, la gran mayoría no tenía barba, lo cuál deja un gran hoyo en mi teoría de la barba flotante, pero bueno, eso es otra historia. 
      Los pocos sobrevivientes aprovecharon las ventajas de llevar consigo unos buenos botes salvavidas inflables, y también unos flotadores hechos a la medida de sus motos. Es una pena que lo diga, pero como ustedes se dan cuenta, así de solitos, como lectores inteligentes que son, estas personas hicieron TRAMPA, así con mayúsculas. Y si hay algo que en Gales no se soporta, aparte de dejarse sodomizar por Inglaterra, es a los TRAMPOSOS, así con mayúsculas. El escenario vino de pelos. Enseguida ensayaron una horca y ahí nomás los colgaron, como se suele hacer con los tramposos por esos lares de Europa. Eso también lo vi por la televisión. Fue entretenido. 

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