domingo, 7 de febrero de 2016

Día 630: Punga

      El hombre despertó de sus ensueños ante la conducta hierática de la empleada. Lo siento, no atendemos por esa obra social, va a tener que pagar por una consulta particular, esas fueron las palabras de la chica que no paraba de morder el chicle entre sus dientes. Lo saborea como si fuese un pito, pensó el hombre.
      No pienso pagar una mierda, dijo. La empleada dijo que cuide su vocabulario, que hay menores en la sala. Me importa un carajo. Salió a la calle, echando putas. Pendeja del orto. ¿De dónde cree que puedo llegar a sacar doscientos pesos? Si pudiera extraerme un diente y venderlo. Vendería mi alma al demonio, ahora mismo. 
      Tan rápido, como era de esperarse, un demonio salió de una alcantarilla. Al parecer lo oyen todo, cada plegaria negra. Cada invocación. Y ahora tenía el trato de su vida, un alma joven, fresca, con esperanzas, eso cotizaba mucho en el infierno.
      Tengo lo que necesitás, dijo el demonio, muy canchero y seguro de sí. No lo quiero, dame doscientos pesos. Bueno, firmame esto, y los doscientos pesos son tuyos. Es solo un formulario. Por los doscientos nos cobramos el alma. El hombre hacía que no con la mano, y también con la cabeza. Estaba serio y enojado al mismo tiempo. No quiero nada de eso, cosa roja, rajá para allá.
      El demonio, poco familiarizado con su trabajo, no supo qué responder. De acuerdo a lo que le enseñaron en la escuela con tentar al humano, firmar el contrato es tan fácil como, bueno, como algo  tan fácil. 
      En la escuela de demonios tampoco le enseñaron las posibles tretas que un ser humano puede realizar si se encuentra en un estado límite, sea drogado, borracho o enojado. El hombre, sin decir palabras, se colgó al cuello del demonio y lo sopapeaba a la altura de la nuca. Estaba prendido como una garrapata con hambre. Parecía que buscara algo. Y lo encontró. El demonio logró zafarse y huyó despavorido. Acá me matan, se dijo a sí mismo, a pesar de su naturaleza casi inmortal. 
      Llegó al infierno con el cuello rojo, bueno, con el área del cuello más roja que el resto de su cuerpo. Esa porquería humana casi lo atrapa. Se le dio por tantearse los bolsillos. Los labios le temblaban, la porquería le había robado la billetera. 

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...