jueves, 11 de febrero de 2016

Día 634: Más relleno

      Pasó por la aduana y nadie se dio cuenta. Hasta que un perro de esos que tienen entrenado se puso como loco. Cincuenta kilos de cocaína. La más pura de todo. De eso estaba hecho la gordura de la mula. El hombre en realidad era bien flaco. Todo relleno.
      Era la primera vez que lo pescaban. Hasta hace poco la cosa era exitosa. La piel falsa antiolor, el aparato para inutilizar a los rayos X. Todo funcionaba a la perfección. Todo hasta que apareció Nicanor. Así lo llamaban en el aeropuerto. Nicanor era el nuevo perro mimado de migraciones. Su trabajo, no grato por cierto, era impedir que los delincuentes anden por la vida yendo y trayendo drogas.
      Para eso lo entrenaron. Su olfato fue inducido, de modo pavloviano, al asco por cualquier tipo y vertiente de droga ilegal. Según las anotaciones de su entrenador, Nicanor tenía un 9'75 en conducta y un 10 rotundo en índices de detección. Por decirlo de otro modo, nada escapaba a su nariz. Y así fue.
      Aunque no todo terminó ahí. El perro se ve que odió a la mula. Lo odió con un odio propio de un ser humano. En Nicanor nacía una necesidad de morder y desgarrar, morder y desgarrar. Su olfato estaba poseído por el horrible aroma de la cocaína. 
      Morder, desgarrar. El perro tenía todo el hocico cubierto de polvo. Gruñó cuando la correa se ciñó sobre su cuello. Una mancha roja atravesaba la nariz de Nicanor, seguiría rastreando hasta lo último. Hasta encontrar la droga maldita, ahí dentro de la bolsa de carne. El perro masticó con un gusto que rozaba el sadismo. 
      El hombre gritó del dolor hasta donde se lo permitieron sus fuerzas. En cuestión de segundos el hijo de puta de ese perro lo había lastimado. Mucho. Para cuando le arrancó el corazón del cuerpo, ya no tenía ni vida ni conocimiento.

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...