viernes, 12 de febrero de 2016

Día 635: El regalo prometido

      El regalo prometido nunca vino. Pasó navidad. Pasó año nuevo. Pasaron los reyes. Alguien guardó el arbolito. Terminó enero. Terminó febrero. También Marzo. Y así hasta diciembre. Un año después o casi, al pibe se le ocurre preguntar, ¿Y dónde está mi regalo? Fue amable, hay que reconocerlo. Un adulto en su lugar ya estaría pateando paredes con los codos.
      Sutiles. No lentos. Tampoco perezosos. Los padres responden: "hijo, tu regalo quedó trabado en la aduana" el chico, que todavía no sabe atarse los cordones, no entiende ni qué carajos es una aduana y mucho menos esta idea de quedarse "trabado" ¿Es un nuevo gusto de helado, tal vez?
      En definitiva el hijo de puta de papá mintió como los mejores. Como le enseñaron en el trabajo, o sea, bien. Mentir bien puede llegar a considerarse una obra de arte, sobre todo si entre medio le rompés el corazón en mil pedazos a una criatura. Bravo, papá.
      Mamá está muy empastillada para entender lo que ocurre a su alrededor. Dice si, si como una pavota. A ella no le enseñaron nada en el trabajo, a decir verdad, dudo que pueda aprender algo. Mamá es un poco eso que el diccionario llama una persona con insuficiencias mentales. O mejor dicho, una idiota. 
      El nene, mientras tanto, descubre los cigarrillos arriba de la mesa. Aprovecha que nadie lo mira y trata de encender uno. Se siente poderoso como papá, hace una mímica de inspirar con la mala suerte que el humo se le cuela por todos los pulmones, hasta los alvéolos. Pobre nene. Tose como por dos días seguido. Toda esa tarde se la pasó con un gusto horrible en la boca. No fumo más, se dijo a si mismo. Y mintió. Mejor dicho, no supo que más adelante su promesa sería quebrantada. Unos dos o tres atados de quebrantamiento diario, para ser más precisos.
      Los años pasaron y el regalo siguió trabado en la aduana. El nene entró a la escuela y se recibió. Entró al secundario y se recibió. Cursó en la Universidad y se recibió. La aduana, mientras tanto, seguía confiscando con tenacidad su regalo prometido. 
      Por suerte el nene creció y aprendió, entre otras cosas el significado de la palabra aduana, quedarse trabado y, lo principal, el valor de la mentira. Ese regalo que nunca llegó le había cagado la vida. Pero el nene creció, aprendió y se resigno. El nene se convirtió en un escritor consagrado. Escribió tres novelas y miles de cuentos, aunque de este no se quiera hacer cargo.

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