martes, 16 de febrero de 2016

Día 639: La otra llamada de Cthulhu

      Hombre intenso. Así decidió presentarse en el aviso clasificado. No puso el tamaño de su pene. De ese intenso una mujer podría deducir "lo justo y necesario" o lo que sea, a decir verdad, solo contaba con el dinero suficiente para publicar esa línea.
      A los tres días lo llamó un millonario. Un tipo excéntrico. Quería ofrecerle un trabajo. Necesitamos hombres intensos, dijo. No agregó más. El hombre del aviso tampoco hizo muchas preguntas, ya que la paga hablaba por sí sola.
      Un millón de dólares, esa era la oferta. No tenía que divulgar el trato, de lo contrario perdería el trabajo.
      El hombre intenso recibió la citación un mes después. Lo mandaron a buscar en helicóptero. Así de importante era su trabajo. Luego de cuarenta minutos de vuelo arribó a la mansión del millonario.
      El complejo se hallaba a las afueras de la ciudad. Contaba con miles de hectáreas de selva virgen a sus alrededores. Según los rumores, hasta vivían animales salvajes allá dentro. Una excentricidad más, pensó el hombre, que solo se interesaba en ver donde gastar su millón de dólares.
      Invertiría y multiplicaría la suma. Quizás en un par de años, quien sabe, pueda vivir en un caserón así. Todo gracias a un aviso para relacionarse con una mujer.
      El millonario lo esperaba en la gran puerta de entrada. Vestía una chomba rosa y un pantalón corto de tela. Todo de marca. En su mano sostenía una sopapa que no hacía juego, es seguro, con su vestimenta elegante sport. Esos zapatos deben valer como diez mil sopapas, dijo el hombre intenso para sí.
      No es muy alto, tiene el típico bigote amanerado de familia de alta alcurnia. Sonríe algo preocupado y extiende su mano, la que no tiene la sopapa. Lo siento, dijo el millonario, es todo lo que tengo, esa cosa va a ser mi ruina. Destápelo, por favor, destape ese inodoro de una bendita vez.
      El millonario apoyó la cabeza sobre el hombro de su empleado. Emitió un sollozo muy refinado. Le indicó como llegar al baño. Tenga cuidado, agregó.
      Destapar un inodoro, el millón de dólares ganado más fácil de toda mi vida. Esta gente de guita debe tener problemas digestivos. No importa. Armado con tan solo una sopapa, el hombre intenso atravesó el pasillo que conducía al baño, dos puertas después se encontró con su trabajo.
      Un calamar, es un calamar verde. No pudo evitar el grito. Salió de su boca con la fuerza de un matafuegos o una manguera a presión. Decía algo como: AHHHHHHHHGGGHHHHHHHAAAAHHHH, o algo parecido. El calamar extendió dos de sus tentáculos y chorreó como dos litros de tinta negra.
      Esa porquería está en celo. No sabía como tuvo esa certeza. Lo sabía y listo. Si se acercaba un poco más, sería carne inseminada de pulpo. Por cierto no era cualquier calamar. Esta criatura tenía grandes cualidades. Potencia en la mente para transmitir ideas sin mencionar una sola palabra. Telepatía que le dicen.
      Sentía el llamado. Vení, acercate, no seas cagón, dale, vení, putito. Así le decía ese calamar gigante.
      El hombre intenso luchó contra sí mismo. Oyó la voz del millonario que gritaba desde el living algo así como: "ha vuelto a pasar"
      Arrojó la sopapa al piso. Vení, trolita, vení, no tengas miedo, dejá que te la meta toda, vas a sentirlo rico, putita. El hombre intenso dio un paso mas dejando su cuerpo al alcance de los tentáculos. Estaba tan hipnotizado por el llamado que poco pudo percatarse del cementerio de sopapas que yacía al costado del inodoro.

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