domingo, 21 de febrero de 2016

Día 644: Trámite biológico

      Existen contados momentos significantes en los cuales la vida y la persona suelen confluir. Al nacimiento, la muerte y tal vez el sexo. Incluso una anotación realizada del equipo favorito puede despertar esas cosas que sienten los seres vivos. Pasiones y todo lo demás. 
      Pasiones. Y todo lo demás. Pueden desgranarse hasta el infinito, hasta las muchas contadas personas que pululan por la roca azul. Sentirse vivo a veces es cuestión de aire. Es cuestión de sentir el pulso. También que corra sangre por el cerebro. Un trámite biológico. Una casualidad, quizás.
      A veces se vive para no morir. Porque el tiempo ejerce su propia inercia. Nunca podemos comprender al cangrejo, excede nuestra lógica de simples humanos mortales. ¿Quién de los tantos nadies puede aseverarlo? ¿Quién puede decir un sí seguro? Un momento, un fragmento en la eternidad, de algo que se repite hasta el hartazgo.
      En la cofradía de los sueños perdidos también está la esperanza adquirida. Ese motor que solo hace ruido y que nada mueve. Es la creencia de lo que pasa con un mejor paisaje. Infierno con nieve.

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