jueves, 25 de febrero de 2016

Día 648: De Irlanda con amor

      El que me vendió el perfume dijo que era una esencia turca. Claro que el contenido en realidad no era más que agua de riachuelo. Creo que hasta vi flotar un pequeño sorete dentro del envase. ¿Por qué lo compré? Llámenme ingenuo. Un soñador, tal vez.
      Desde chico fui un imán para esta clase de tratos. Soy como un acentuador de la maldad ajena. Las personas hacen turno para aprovecharse de mi buena fe. Y vaya si lo logran. Yo les dedico mi mejor sonrisa. Y no es que esté metido en alguna mierda religiosa. Es que no me sale de otro modo. Supongo que debe ser una clase de maldición.
      La cosa viene desde Irlanda. Al menos así lo asegura mi abuela. Ella perdió al abuelo hace seis años atrás. Le quedaron una parva de anécdotas y una pensión jugosa en euros.
      Según lo que me dicen la abuela, fue mi abuelo el que mató a un leprechaun. No me pregunten ni cómo ni lo que es un leprechaun, no sé nada de eso. Lo único que puedo asegurarles que mi padre también está maldito, tiene una racha de mala suerte de la que aun no logra salir. También está mi problema y el de mis hermanos, que no puedo contarles porque bueno, respeto su privacidad. 
      Espero pronto comprarme un libro sobre Irlanda. Mi idea es averiguar lo que diantres sea que es un leprechaun y ver si puedo revivirlo, a ver si echa atrás toda la maldición. No lo sé, es una posibilidad.

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