viernes, 26 de febrero de 2016

Día 649: Invencible

      De acuerdo a las estadísticas la criatura debería desarrollar un apetito voraz a la edad de dos días. Como todo experimento fallido el proceso se aceleró y la cosa nació comiendo. Un pobre científico fue su víctima. Se lo tragó de un saque. Sin masticar. 
      A las pocas horas le crecieron sus primeros dientes. Para cuando cumplió un día ya se había graduado de monstruo. Los pocos que sobrevivieron a su ataque se tomaban la cabeza y repetían para si mismos: "¿En qué fallamos? ¿En qué fallamos?"
      La respuesta más acertada: en todo. Desde el motivo inicial de los experimentos hasta el trágico y negligente desenlace. La idea era crear un organismo capaz de digerir toda la basura del planeta y defecar productos biodegradables. El caso es que se les pasó la mano. 
      La cosa comió sin parar. Sin hacer provecho. Devoró una parte importante de la Tierra. Así cuando menos se lo esperaba, la criatura alcanzó el tamaño de un dinosaurio, aunque su aspecto dejara mucho que desear.
Ni siquiera se preocuparon por hacerlo lindo. Era un bicho bien feo. Y destructor. Trataron de pararlo, pero se olvidaron de algo. La criatura era una criatura, un bebé. Con sus berrinches destruyó la otra mitad de la Tierra. Y nada pudo detenerla. Así lo hicieron, invencible.

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