sábado, 27 de febrero de 2016

Día 650: Genética

      Compromiso. Lo había heredado de su padre. La suma a pagar era importante pero no podía negarse, estaba registrado en el puto papel. No hay pago, no hay transferencia. Es cierto, el viejo estaba gagá como para dejar más de la mitad de su fortuna a una prostituta.
      Allá estaba la señora, cruzada de piernas. No había en su aspecto ni un solo vestigio de su antigua profesión. Parecía una abuela de las que cocinan galletitas para sus nietos. Es difícil ser hijo único, pensó. Bueno, al menos no tengo que dividir entre hermanos lo que me corresponde, salvo con esta persona.
      Vio a la señora por un instante fugaz. Pareció reconocerla. Esa mirada le resultaba familiar. Algún cliente del viejo, seguro, de pequeño vio a mucha gente. Salvo a mamá. Mamá murió muy joven. El cáncer de pecho la dobló como una hoja. Eran tiempos jodidos. Todavía no existían buenos tratamientos. Tenía poco recuerdos de ella.
      La prostituta miró al heredero y sonrió. Preguntó al escribano si podía encender un cigarrillo. Reunión familiar. Firmaron los papeles y a los treinta minutos estaban en la calle.
      No puedo hablar, perdoname. Es lo que firmé, dijo la mujer. Me hubiera gustado que conocieras a tu madre. Lo lamento, pero mi madre murió hace mucho tiempo.
      No es cierto, dijo la prostituta y se alejó sin decir más palabras.

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