lunes, 29 de febrero de 2016

Día 651: Cruce

      Veníamos a 130 por la autopista hasta que un gato nos hizo ir contra la banquina. De pedo no nos dimos el gran palo. En realidad fue una cosa premonitoria. Ya saben, el gato negro se cruza en el camino y el peaje de más adelante vuela en mil pedazos a causa de un ataque terrorista. Todo muy natural por tratarse de una mañana de domingo.
      Después del atentado declararon estado de sitio. Una situación ideal. El narcoestado se hizo cargo de nuestras vidas. Digamos que acá eran los únicos que tenían un verdadero poder militar para contrarrestar cualquier invasión extranjeras. En la provincia trabajaban tres cárteles, a toda máquina. Entre los tres no tenían que envidiar a la Unión soviética de los años setenta o la actual Pakistán. Ellos solitos habían desarrollado su propia carrera armamentística. Así que el panorama era excelente.
      Luego del incidente del auto caímos en la casa de una vieja. Éramos siete personas dentro de una pieza. Había que sobrevivir del modo que sea. No les digo que la tomamos de rehén a la señora, pero estuvo muy cerca de ser así.
      La pobre mujer nos vio desesperado y nos ofreció el lugar. No dijimos que no. Además teníamos a uno de los nuestros heridos. Me olvidé decirlo, un pequeño detalle. Es que veníamos de robar un banco.
      No somos gente buena, lo acepto. Pero si miran a los que quedaron después del ataque seguro que el año que viene nos beatifican. Les explico, nosotros actuamos como autónomos, no le debemos nada a ningún cártel.
      Y con todo el quilombo del narcoestado aprovechamos para hacer la nuestra. Robamos lo que pudimos, pero también defendimos a la gente, y eso les resultó simpático. Crecimos con una fuerza increíble. Robin hoods del conurbano nos apodaban. Fue una época increíble. Después la cosa fue para peor y ya no tuvimos tiempo de pensar en ese gato que nos hizo zafar. La porquería, de seguro, tuvo mejor suerte.

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