lunes, 29 de febrero de 2016

Día 652: Nacer al revés

      No habría comprado tantos soldados de cotillón. Era una puta fiesta. Por eso el alcohol y las pastillas. Nadie resiste una fiesta sin estar en pedo o drogado, la gente es demasiado aburrida.
      Por si acaso también puso algo de ácido en la comida. Esta noche volarían a Plutón hasta las almas más recatadas. Y así fue, en cuestión de horas todos caminaban por las paredes.
      Había demostraciones de libertad sexual en la esquinas oscuras y personas tirando cartas de tarot como si se tratase de una partida de truco. Los pocos discutían sobre temas trascendentales en relación al cosmos y la revolución soviética. En la única esquina sin relaciones sexuales a la vista, se encontraba sentado un joven de unos veinticinco años. No parecía drogado, ni borracho, a pesar de sostener una botella de vodka semivacía en la mano y chorrear mocos blancos por la nariz. El joven permanecía horizontal, sin perder el equilibrio ni su aparente cordura.
      Le ofrecían de todo y a nada le decía que no. Pero el joven no se dejaba arrastrar por el salvajismo incitante de la droga. De hecho parecía no hacerle efecto.
      Algunos se acercaban a esta persona, curiosos, temerosos de presenciar una posible sobredosis.
      No se preocupen, nací al revés, les explicaba el joven. Como caca, cago comida. Aspiro dióxido del carbono, exhalo oxígeno. Así estoy bien, las drogas ayudan a mantenerme sano. Un día sobrio me mataría.
      Y así fue. Un familiar inconsciente lo metió en una granja de rehabilitación. Un día sin drogas y quedó seco como una momia. Le hicieron una autopsia, y encontraron todos los órganos consumidos por el exceso de oxígeno. Creo que algunos científicos aun estudian su caso.

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