martes, 1 de marzo de 2016

Día 653: El regreso de los muertos vivos

      Creo que voy a morirme mirándome los pies. Voy a mirarlos a ambos y voy a decir: "¡Qué lindo par de extremidades que tengo!" Luego de eso me dedicaré a cultivar polvo y gusanos con mi cuerpo. ¿Les agrada la perspectiva? A mi también.
      Siempre tuve fascinación por el dedo anular o, como lo llamamos en casa, el dedo inútil. Ya saben, ese dedo que no sirve para nada. ¡Ni siquiera sostiene una lapicera, qué mierda! Bueno, pero eso no importa. El caso es que voy a morirme, pronto. Así que si no quieren seguir leyendo, los dispenso de la tarea. Viene una gran alerta de spoiler.
      Me desperté el domingo y no me sentí enfermo. En realidad fue como un sentimiento, de esos premonitorios, en los que sabés que algo te va a pasar pero no sabés cómo lo sabés. Ni cómo ni cuándo. Así que llamé a la funeraria. No, miento, esperé al lunes. Ahí llamé y saqué turno, ya saben, para mi velatorio.
      Invité a un par de conocidos, amigos de la infancia. Pensaron que se trataba de una broma pesada. Tendrían que haber visto sus caras cuando me morí de verdad. Estaban desencajados los pobres. La culpa, supongo.
      Sobre un par de caballetes velaron mi cadáver, fue una ceremonia hermosa. Eso es lo que me contaron después. Bueno, hermosa hasta que lo arruiné con mi resurrección. En realidad no había muerto nunca. En medicina lo conocen como estado cataléptico, creo que una vez pasó algo así en un cuento de Poe. A mi me pasó igual. 
      En la actualidad suelen dejar un par de días al cadáver en la morgue. Para que no ocurra esto de las resurrecciones por catalepsia una vez que estás varios metros bajo tierra. Conmigo creo que se apuraron. O tal vez mi estado cataléptico duró un poco más. No tengo ni idea. De todos modos, creo que voy a morirme mirándome los pies.

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