domingo, 6 de marzo de 2016

Día 658: Día 658

      Marcó una equis en el calendario. Día 658. De acuerdo a sus estadísticas, las confiables estadísticas de un presidiario, hoy era el vencimiento de su deuda con la sociedad. Así es como dejaría de ser un recluso, un delincuente. Podría volver a vestir sus largas remeras y sus pantalones chillones sin que nadie, salvo la policía del buen gusto, lo detuviera. Un año y nueve meses, diez, no recuerda, en realidad la condena era más bien de las anecdóticas.
      Detenido por una cuestión política. No es que pensara diferente a sus superiores, que ahora gobernaban el país. Era más bien una ligero deslizamiento de criterios. Opiniones que pueden encerrarte. Es cómico, aunque no tan gracioso. Que le digan eso a un tipo encerrado 658 días por un crimen que nunca cometió. 
      Tampoco podía quejarse. Adentro tenía todo. Televisión satelital. Tres comidas a elección. Libertades sexuales. Una celda amplia. Todos los beneficios de un preso político. Incluso sabía que el día 658 llegaría, aún sabiendo que su condena era en principio de dos años. Eso ya es otra historia, otro arreglo.
      En realidad lo tenía todo calculado. Trabajar para el sector oficial, colaborar con los conspiradores. Algún día pagaría las cuentas con ambos y tendría una cuantiosa jubilación. Claro que nunca supo con quien se metió. Los conspiradores resultaron ser revolucionarios. Y sí, salió ese mismo día. El 658, con un arma debajo del brazo.
      Fue obligado a luchar en el frente. El país, de un modo bastante literario, se consumía por las llamas. En todas las principales ciudades explotaba todo elemento con cualidad combustible. Desde afuera montó su propia revolución. No tardó en convertirse en un conspirador, pero de los nuevos. Y pronto, 658 días después, alguien rendiría cuentas a la patria. 

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