miércoles, 9 de marzo de 2016

Día 661: Edad oscura oscura

      La justa justa. Adecuada. Por supuesto, el caballero fue arrancado de su montura como si fuese un chicle mal pegado. El contrincante estaba más allá de sus posibilidades. Una nave voladora despertó a los contendientes de sus ensoñaciones medievales. En el siglo XXIII las cosas antiguas estaban de moda. De hecho, salvo las naves voladoras, la sociedad del futuro se parecía demasiado a la antigua. Sobre todo en cuestiones de salud, política y economía. 
      Incluso en el siglo XXIII aún no se había erradicado el mal de las religiones. La gente creía tanto o más en Dios, y montaba, aún, guerras en su nombre, aunque no lo conocieran. Después mantenían ese mismo discurso de que Dios puede tener muchos nombres, y cosas así. Pero las guerras se hacían igual. Y por cierto, los muertos seguían siendo los mismos: muchos y pobres. La pobreza alcanzaba a gran parte de la población, un ochenta por ciento del total. 
      Los pocos que ostentaban la riqueza en la Tierra también controlaban el curso de los ríos, los pocos que aún conservaban agua. Muchos menos tenían agua para tomar. La gente envejecía pronto sin líquido. Existían los sucedáneos, pero no era lo mismo. Vivir más allá de los sesenta era un lujo que pocos podían darse.
      Aun así, todavía podían permitirse unas vacaciones anuales a los centros de veraneo conocidos y recomendados por la Academia Internacional de Turismo, el ente que regulaba todos los desplazamientos de las personas con fines recreativos. En realidad todos los movimientos eran de ese índole. Ya nadie trabajaba. En realidad todos poseían millones dentro de sus bolsillos. Pero al lado de los millones de millones que tenían los megamillonarios, eran pobres. Y así se consideraban, pobres. 
      El pobre podía comprarse un yate, una casa de tres pisos, incluso podía contratar a una troupe de cien personas para que le lavaran la pieza, pero no tendría la moneda necesaria para obtener una gota de río tomable. 
      Por fortuna estaban las justas. Dos caballeros se batían a duelo y el ganador obtenía un bidón de agua. El espectáculo era una violación a los ojos, algo digno de ver. Salvo por ese caballero maldito. Hace dos semanas que permanecia imbatible. 
      Las personas sospecharon la identidad del caballero de victorias intachables. Nadie lo conocía en el Country. Todos los pobres millonarios entre ellos se conocen, pero este no. Esta persona se mantenía oscurecida por el velo de la incógnita.
      Cansados de ver como se les escurría el agua de entre las manos. Un grupo de pobres rodearon al caballero invencible luego de una nueva victoria. Lo forzaron a desnudarse. Bueno, en realidad querían nada más que se saque el casco. Pero una cosa lleva a la otra. Un hombre desnudo, con exceso de vello púbico los observaba. Randy Flyleaf, megamillonario, dueño de las tres cuartas partes de reservas mundial de agua. El muy bastardo se negaba a compartir sus ganancias.
      La ceremonia duró poco. Colocaron el cuerpo de Randy sobre una estaca y lo empalaron a partir del culo. Luego arrojaron nafta sobre su cuerpo, dado que si algo sobraba en esos tiempos era petróleo. Lo encendieron y su cadáver hizo otro espectáculo digno de ver.

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...