jueves, 10 de marzo de 2016

Día 662: Repoblar

      Podría despertar aquella mañana con todas las glorias. La victoria estaba pronto a ocurrir. Los marcianos deberían retirarse, Marte ya no era su planeta. Despojos de civilización. Allá a lo lejos emitían sus últimas señales antes de ser atropellados por el vendaval humano. 
      Les ofrecimos oportunidades de negociar, clamaron los terrícolas. Puras mentiras, decían los marcianos por lo bajo en su propio idioma de señas y silbidos. Sin embargo la muerte no fue el final para ellos, más bien el principio de algo grandioso.
      Los marcianos volvieron a su mundo. Marte es un planeta, pero no un mundo, al menos no desde la corteza superior. Ahí dentro, a kilómetros de distancia bajo el polvo de la superficie marciana, los nativos cultivaron sus colonias y se hicieron fuertes. Tan fuerte como les podía permitir aquel clima hostil. Una nueva guerra se avecinaba. Como en Rocky IV. 
      Mientras tanto los humanos tampoco la pasaban tan bien. Tenían muchas dificultades para sostener el ritmo de vida de las colonias. Requerían mucho oxígeno, para respirar, para las plantaciones, y Marte tenía poco de eso. Todavía faltaría unos veinte años para que el proceso de reoxigenación y terracolización hiciera sus efectos. Pero por sobre todas las cosas, el mayor inconveniente era la paranoia. 
      Los colonos temían una invasión marciana. Los coroneles de la frontera aseguraban que la raza marciana había dejado de existir. Pero la mayoría era reacia a creer en semejante aseveración. Todos pensaban por lo bajo: "Van a volver, van a volver" Y todos tenían la culpa pintada en la piel. Matamos a sus hijos, van a venir a hacer lo mismo con los nuestros. 
      Y nada de eso pasó. Los años siguieron su curso. Hasta que el plazo de la oxigenación fue una realidad. Los primeros árboles marcianos echaban sus brotes. Y lo mismo las mujeres. El cambio de aire había hecho mella en su libido, elevándola a unos extremos cuasi pornográficos. Al poco tiempo gran parte de ellas quedaron embarazadas, lo cual fue extraño por cierto, ya que alguno de los hombres ni siquiera había tenido sexo con ellas. Incluso uno de los colonos se jactaba de tener hecha la vasectomía. Y sin embargo ahí tenía a su mujer rebosante de energía sexual y embarazada, por cierto. 
      Los bebés tardaron cinco meses marcianos en nacer. Mucho menos tiempo les tomó regresar al lugar desde donde recibían el llamado. Un silbido subterráneo cubrió todo el suelo marciano. El proceso de incubación había llegado a su fin.

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